Tres ciudades de Alemania en menos de tres días

By Brida - 31 enero

Una de las cosas que más me gusta de Europa, es su movilidad.  Es muy fácil y relativamente económico moverse a otras ciudades y países.  Cuando planifiqué mi viaje a España, no dudé en validar los vuelos baratos que salían desde Málaga con aerolíneas de bajo coste como Ryanair.  Así que por tan sólo 64 Euros, pude comprar un boleto ida y vuelta Málaga - Colonia para visitar a mi gran amiga Yeliz, a Nelsito, Ameriquita y Flavita.


Ese día salí a las 07:10 de la mañana y luego de tres horas de vuelo, ya estaba en Colonia.  Yeliz esperaba por mi con su chaqueta plumosa color morado, sus guantes, su gorro, su bufanda turquesa y su original bolso Desigual a la salida del aeropuerto de Colonia, en el andén del tren.

¡Qué emoción! Encontrarme con Yeliz en Alemania, cuatro años después de nuestro primer viaje a Europa.  Y aunque algunos españoles se estaban quejando de viajar a Alemania en Diciembre con ese frío, yo estaba feliz.  Finalmente haría realidad mi sueño de conocer los mercadillos de Navidad.

Al llegar al centro, iniciamos nuestro recorrido con una visita a la majestuosa Catedral de Colonia con su imponente "Westwerk" o "fachada monumental occidental rematada por dos torres".  Es la iglesia más grande de Alemania, inició su construcción en el año 1248 y finalizó en 1880.  En su interior es posible admirar el santuario de oro que contiene los restos mortales de los Tres Reyes Magos (interesante, ¿no?), el tríptico del Altar de los patrones de Colonia del pintor alemán Stefan Lochner y la grandiosa Cámara del tesoro.

Westwerk
Catedral de Colonia

Catedral de Colonia
Luego tomamos el Kölner City Tour por 13 Euros, y aunque sinceramente estuve echando cuentos con Yeliz durante toda la ruta, tomé fotos bonitas de la ciudad y disfruté el paseo.

Pista de hielo
Al regresar al punto de partida, decidimos ir a un par de Mercadillos.  Eran tal como los había imaginado, con sus kioskos de madera, sus lucecitas blancas, su Glühwein que no es más que una pócima "ardiente" con un aromático bouquet de invierno, su chocolate caliente, su gustosa variedad de embutidos, sus muñecos de madera, sus duendecillos, nacimientos de todos los tamaños, carruseles y gente de todas las edades disfrutando de la mejor temporada del año.

Mercadillo en Colonia

Los mercadillos
Mercadillo en Colonia
Mercadillo en Colonia
En el "Weihnachtsmarkt am Kölner Dom" nos comimos un raclette, que aunque es un plato de origen suizo, primo del fondue, me pareció muy típico de estos mercadillos.  Estaba muy bueno, derretido con finas hierbas y servido sobre pan tostado.  También probé el chocolate caliente con un toque de Baileys, el Glühwein y más tarde nos comimos un pan con generosas lonjas de jamón buenísimo.  De postre, me comí una deliciosa Crepe de Nutella.  En fin, pasé la tarde picando.

El Señor del Raclette
Raclette
Glühwein

Jamón
Pan con jamón
Crepe de Nutella
Esa noche tomaría un tren hasta Düsseldorf para encontrarme con dos amigos y luego otro tren para Aachen, ya que dormiría en casa de Yeliz.

Así que para abatir el cansancio del viaje y de haber rodado mi equipaje de mano por toda la ciudad, me tomé una cervecita local llamada Kölsch por dos Euros y salí a la estación.  El ticket "multi abono" del tren costó 28,50 Euros.

Aunque Colonia es la ciudad más antigua de Alemania, tiene su toque cosmopolita, con sus carnavales, sus mercadillos de Navidad, su tradición, su vida nocturna, gastronomía y muchas propuestas para disfrutar en cualquier época del año.

Una vez en Düsseldorf, Vasilis y Kashif esperaban por mi en las afueras de la estación.  Fue muy grato verlos después de tanto tiempo.  Dimos una vuelta en carro y tuve la impresión de que Düsseldorf es una metrópoli más moderna y orientada a los negocios.  También visitamos un par de mercadillos, probé lo más típico que era un pan enorme con una corteza tostadita y una salchicha súper jugosa, grande y caliente.

Pan con salchicha
Para pasar el frío, Vasilis me invitó un shot de Killepitsch en un lugar muy peculiar llamado "Et Kabüffke Killepitschstube", de hecho lo compramos a través de una ventanilla.  El Killepitsch es una bebida típica de Düsseldorf, con 42% de alcohol, de color rojo intenso, preparada a base de frutas, hierbas aromáticas y especias.  Estuvo fuertecita, pero valía la pena probarla.

Düsseldorf
Caminamos por el muelle y disfrutamos de unos minutos muy agradables.  Tenía que volver pronto a la estación para tomar el tren de regreso a Aachen.

Al llegar a Aachen, tomé un taxi hasta la casa de Yeliz.  Con muchas anécdotas que contar y una cama calientita y acolchada que me invitaba a descansar luego de un largo día.

Al despertar, me esperaba un delicioso buffet mejor que el de un hotel de cinco estrellas. Con la barriga llena, salimos a recorrer Aachen.  Situada justo en el borde con Bélgica y Holanda, Aachen es la ciudad más occidental de Alemania, es una urbe joven, con importantes universidades y academias, con sus parques, lagos y árboles, su ayuntamiento gótico y su antigua catedral construida entre el año 780 y el 800 bajo el imperio de Carlomagno, primer monumento alemán en ser declarado patrimonio cultural de la UNESCO, con sus interesantes tradiciones y leyendas como la del "pulgar del diablo".

Mercadillo en Aachen
Recorrimos el Aachener Weihnachtsmarkt, compré algunos souvenirs de altísima calidad (y ligeramente costosos), varios paquetes de galletas Printen, tomé muy pocas fotos (me quedé sin batería en la cámara) y para almorzar, decidimos ir a un restaurante de comida italiana llamado Macaroni.  De tomar, Yeliz pidió un batido de frutas y yo una copa de Merlot.  De comer, Yeliz pidió una "Lasagne al ghiottone gratinate" y yo pedí "Ravioli Emiliana".  Mi plato estuvo fascinante, unos raviolis con vieras selladas a la parrilla, con crema de parmesano, rúcula y una cubierta de crujiente de jamón de Parma.  El plato de Yeliz era una lasaña súper gourmet con un delicado relleno de cordero, ternera, acelga y queso feta al horno.  Supremo.

Ravioli Emiliana
Lasagne al ghiottone gratinate
A pesar de que comí súper bien, siempre queda espacio para el postre.  Tuve la difícil decisión de elegir entre un helado, un waffle con Nutella y el estrudel de manzana.  Así que me fui por lo más típico y pedí un "warmer Apfelstrudel" en uno de los kioskos del mercadillo.  Servido tibiecito, capa tras capa relleno de manzanas dulces y suaves, bañado en "eirlikör" o licor de huevo.  Estaba tan rico como lo esperaba.

Apfelstrudel
Fuimos a casa a dejar las compras y más tardecito tomamos un autobús que nos llevaría a la fábrica de chocolates Lindt.  Un lugar alucinante con miles de chocolates en presentaciones súper bonitas y originales.  Fue mi perdición, gasté 72 Euros en chocolates para regalar.  Como dato curioso, en esta fábrica y en la mayoría de las tiendas de Aachen no aceptan ningún tipo de tarjetas, sólo efectivo.  Raro, ¿no?.

Fábrica de chocolates Lindt

Mercadillo en Aachen
De regreso al centro, vimos el mercadillo de noche y fuimos a cenar a un restaurante con mucho encanto llamado Magellan, recomendado por Yeliz.  La comida estuvo exquisita.  Yo pedí unos medallones de cerdo que se deshacían en la boca con una salsa de champiñones divina, papas fritas y ensalada.  El plato de Yeliz era similar, pero con pollo.  Tomé vino, Yeliz jugo natural y de postre, nos sirvieron un platillo de muerte lenta que no aparecía en la carta, era como una bola de helado recubierta de cacao y coronada con cerezas.  La relación calidad - precio estuvo excelente y la velada, magnífica.

Pollo con champiñones, papas y ensalada

Lomo de cerdo con champiñones, papas y ensalada
Postre a base de cacao, helado y cerezas
Al volver a casa, tuve que vaciar la maleta de mano para poder guardar los chocolates, galletas y regalitos que compré.  Al día siguiente, me tocó ponerme toda la ropa que llevaba encima y aunque casi pierdo la conexión con el tren hacia el aeropuerto en la estación Köln HBF, luego de seguir la certera instrucción de una simpática rubia alemana que me dijo "you need to leave the train just right here", pude llegar a mi destino.

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