Un viaje "a donde las sorpresas se embotellan"

By Brida - 07 marzo

En Venezuela tenemos tantas cosas, playas, montañas, ciudades grandes, llanos, médanos, viñedos.. Sí, viñedos.  En Carora, Estado Lara, tenemos un terreno fértil, privilegiado, acordonado por la Sierra de Baragua, donde hace fresquito en la noche y en la mañana, un sol parejo durante el día, en Altagracia casi no llueve y es por esta razón que se dan uvas muy feítas, muy chiquitas, muy jugosas, muy dulces, muy ácidas... y es que las uvas para hacer vino son así.

Bodegas Pomar nos invita a su exclusiva fiesta de la vendimia, que se celebra dos veces al año: en Febrero-Marzo y en Septiembre.  En la primera tanda, ofrecieron un programa de visitas durante cuatro fines de semana: 15 y 16 de febrero, 1° y 2 de marzo, 8 y 9 de marzo, 15 y 16 de marzo.

Siempre he dicho que los regalos que más se disfrutan son los vivenciales, así que vino de maravilla este regalo por el Día de los Enamorados.  Un viajecito por tierra a la capital de la música de Venezuela.

Foto por Brida

Ese viernes salimos tipo 8 am de Caracas, justo al medio día estábamos llegando a Barquisimeto.  Nos fuimos por El Palito.  La vía está en buen estado, ese tramo "interminable" de autopista entre Yaracuy y Lara está buenísimo.  Digo "interminable" porque no se sabe dónde comienza (o termina) la autopista en el extremo de Yaracuy.  Parece que nunca la han abierto oficialmente y la gente se incorpora en atajos improvisados que se conectan con la carretera vieja.

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Nos encontramos con Ileana en el nuevo C.C. Los Próceres y fuimos a almorzar a su restaurante favorito, Nova Grill.  Ahí nos echamos los cuentos y nos tomamos unos juguitos naturales deliciosos, Ile y yo pedimos el Risotto Nova Grill y Emil se antojó de la Pasta Frank Sinatra.  Las raciones de comida eran exageradas y la cuenta inversamente proporcional.  Me dio la ligera impresión de que la comida fuera de Caracas es más barata.

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Barriga llena, corazón contento.  Agarramos carretera hacia Carora, no sin antes detenernos en 
Tintorero.  "Pieles de Aguatinta que hilan y tejen los cielos de Lara".  Me encantan los pueblitos, las artesanías, la gente.  Madera, barro, tejidos, encuentras cosas increíbles!! desde frutas gigantes talladas en madera, mantelitos, hamacas y chinchorros.  Tintorero es lo máximo.  La gente súper atenta, paciente y amable.  En todas las tienditas tienen su punto de venta.  Una parada impelable a mitad de camino.

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Una vez en Carora, emprendimos la búsqueda de nuestra posada ubicada en el corazón del casco histórico.  Nos quedamos en Posada Morocho, la cuarta opción (según calidad de sus espacios) de las siete alternativas de hospedaje en Carora que recomienda Bodegas Pomar.  Me gustan las posadas con pocas habitaciones, tipo casa, rústicas, artesanales.  Posada Morocho es así.  La habitación súper confortable, con artesanías bellísimas en madera fina y paredes rosa oscuro, luz baja, muy acogedora.
Foto por Brida

Lo interesante de esta posada es que su propietario, Aland Rafael Rodríguez (mejor conocido como "El Morocho"),  pasó de limpiabotas a propietario de restaurante.  Así lo reseñó el diario El Nacional en su sección "Ciudadanos" del Lunes 18 de abril del 2007.  Es un ejemplo de que los sueños sí se hacen realidad y que con pasión, inspiración y trabajo se llega lejos.

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Para cerrar la anécdota de la posada (y volver al tema principal, la vendimia), les cuento que el desayuno del domingo estuvo mundial.  Un Señor súper amable nos sirvió un desayuno criollo divino, con arepitas, caraotas negras, queso, huevo revuelto, carne esmechada, suero en tapara y juguito de naranja.  El restaurante de la posada (¿o la posada del restaurante?) abre desde bien temprano para ofrecer desayuno a los huéspedes y cierra tardecito en la noche.


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Volviendo al punto, dejamos las cosas en la posada y nos fuimos a la Bodega.  Como esa noche la cena era con Helena Ibarra, se me ocurrió la "brillante idea" de irme en vestidito y tacones.  Sin quererlo, fui el centro de atención... ya que en las recomendaciones y normas de seguridad del programa decía claro y raspao "es indispensable el uso de calzado cerrado y pantalón largo para permitir el acceso y realizar el recorrido por bodega".  Yo lo había leído, pero me confundí... y pensé que esa recomendación era para el día #2.

Me gané unas cuantas miradas de mala gana de otros visitantes, pero no me importó.  De cualquier forma, la gente de Pomar fue bien atenta y no me restringieron el acceso a la bodega ese día.  Sólo me pidieron educadamente que me vistiera según las recomendaciones al día siguiente.


Esa noche mágica y de ensueño comenzó con la degustación de unos 
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deliciosos tequeños de queso cabra y un Pomar Brut dorado, pálido, equilibrado, seco, suave, persistente y untuoso.  Luego nos explicaron el proceso de elaboración de vinos espumantes, desde el despalillado, pasando por el degüelle y sus diferentes estadios.  Este método es conocido como "Méthode Traditionnelle" y se usa para el Pomar Brut, Pomar Demi Sec y Pomar Brut Rosé.  Entre otras cosas, aprendí que la Champaña se compra y se bebe y, que entre más pálido, más joven y fino es el vino.


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Luego de esta interesante explicación, nos juntamos para la degustación enogastronómica dirigida por Helena Ibarra y por el enólogo Guillermo Vargas.  Aquí catamos los espumantes Pomar Brut Rosé y Pomar Brut Edición Especial y sus armonías con una delicada selección de bocadillos: Mini shot de gazpacho, Mini ensalada de Margarita Guinnand con Langosta, Mini palmitos rellenos, Terrine de Gallina, Hongos frescos con Atún y un Mini mousse de huevas de lisa.  A mi particularmente no me gustan los palmitos ni las huevas de lisa, pero todo lo demás estuvo exquisito a mi paladar y la presentación simplemente impecable.


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Recorrimos el sótano, donde reposan las botellas a la luz de las velas, disfrutamos de un 
espectáculo de música en vivo divina y perfecta para la ocasión con canciones tipo Gipsy Kings.  El mejor preámbulo para una cena maravillosa a cargo de Helena Ibarra.  Y para los que no la conocen, Helena es la chef de Palms (@restaurantpalms, en el hotel Altamira Suites en Caracas), "entre otros menesteres a descubrir" según ella misma se describe en su cuenta de Twitter (@helenaibarra1).
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Esta autodidácta fue aceptada en Versalles para aprender, comenzó a cocinar para su padre a los
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13 años, fue Tenedor de Oro en el 2012, escribió el libro Cocina extra-ordinaria premiado en París entre ocho mil libros en las categorías Mejor Chef Femenina y Mejor Fotografía.  Definitivamente, una de las personalidades con más transcendencia en la gastronomía venezolana.


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El menú me sorprendió desde el comienzo, pero... el postre, fue "la cereza en el helado" y ya les cuento por qué.  De entrada, nos comimos una Sopa de Cebolla con Rosa de Parma en armonía con el Pomar Brut Rosé.  Una comunión para los sentidos.

Seguimos con el principal Del Mar y el ajo macho en perfume de 
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chorizo carupanero, acompañado con el Pomar Syrah 2010, en un color rubí intenso con ligeros toques terracota, su aroma afrutado en nariz y un tanino fino y elegante en boca.  Aprendí que eso de que el vino blanco va con carnes blancas y el tinto va con carnes rojas es un mito.  Al final, se busca una armonía de sabores.  Si el plato viene sin fuerza, con un sabor suave y sin grasa, un vino blanco le combina súper bien.  Mientras que el tinto se recomienda para platos cargados en sabor y condimentos.  Para explicar este plato, Helena nos regaló unos ajos machos del mercado de Quinta Crespo.  Según nos contó, da buena suerte tenerlos en la cartera.
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¿Y el postre? oh, divina sorpresa...  Vestido de Novia para Angelique.  Mi vestido de novia!! jejeje.  Este indescriptible postre en amarillo, blanco, violeta, contraste de sabores y texturas, acompañado de un Pomar Demi Sec en color perla fino e intenso, suave y delicadamente abocado.

La antesala ideal para una siestecita en Posada Morocho.  Unas horas de descanso antes de continuar con la Fiesta de la Vendimia al día siguiente.


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Sábado en la mañana, amaneció fresco el día, el sol brillante y los viñedos de espalda marcaban el horizonte.  Entre trinitarias rosadas y moradas, degustamos un desayuno de reyes.  Mini empanaditas de caraota y queso, unas suaves y dulces catalinas, galletitas crocantes, una dulce y especiada mermelada de piña untada sobre un trozo de pan, mini cachapitas con queso de mano, arepitas de maíz pilao y juguito de naranja.

De allí partimos a celebrar la Santa Misa con Golpe Tocuyano bajo la sombra de un árbol, bendecimos las uvas y dimos gracias a Dios.

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Y es que los de Pomar derrochan experiencia y madurez en la logística de este evento.  Piensan 
en todo!! el día anterior nos advirtieron del frío en la bodega y nos regalaron una manta azul suavecita y bien linda, el sábado se veía venir una lluvia de sol y nos regalaron una gorra.  Al terminar la misa, tenían una mesa preparada con botellitas de agua bien fría y sangría caroreña.  Qué éxito este evento, todo está fríamente calculado.


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Continuamos el recorrido por el viñedo, probamos diferentes granos de uvas directo de la mata, descubrimos por qué Altagracia es "un espacio único y privilegiado para el silencioso y paciente cultivo de variedades de uvas para la elaboración de grandes vinos", distinguimos entre las ocho cepas que retoñaron con personalidad en estas tierras: Sauvignon, Syrah, Chenin Blanc, Malvoise, Tempranillo, Petit Verdot, Macabeau y Moscatel de Petit Grain.  Una experiencia para toda la vida.

Y no podíamos dejar Altagracia sin pisar uvitas al compás de los golperos.  Y les cuento que pisamos uvas de mesa, de las grandes y caras.  Porque es algo simbólico y las uvas del viñedo se usan estrictamente para la elaboración del vino Pomar.


De vuelta a la bodega, conocimos el proceso de elaboración de los vinos tintos, degustamos distintos tipos de quesos artesanales, incluyendo un queso de cabra ahumado de sabor fuerte, en perfecta armonía con el Pomar Tempranillo.

Foto por Brida
Este fue el abreboca del memorable almuerzo de sábado.  El famoso Lechón "en caja china" asado 
durante 8 horas.  De entrada una sopita calientita de apio con su arepa, de principal el jugoso lechón con mojo, ensalada y yuca asada y de postre, dulce de lechosa.  Degustamos los vinos más frescos de la bodega y nos deleitamos con Ensamble Carora, un grupo de música instrumental venezolana de puros chamos talentosos y estudiantes universitarios, inigualables y carismáticos.

Foto por Brida
La despedida fue una degustación de dulces típicos (plátano, leche, abrillantados) y la ilusión de volver algún día.

Para más información, visita http://www.bodegaspomar.com.ve y reserva en Tiendas Kentriki (http://www.kentriki.com.ve/).

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2 comentarios

  1. Excelente post, una historia digna de esta experiencia que hay que vivir

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